viernes, 21 de enero de 2011

MALTRATO AL NIÑO TRABAJADOR.

El maltrato a los niños en las diferentes culturas y sociedades ha constituido una constante a lo largo del tiempo. Es una cuestión particularmente peligrosa y de relativa aceptación social. En el texto se realizara un breve análisis de las principales implicaciones de este problema multifacético, así como de algunas cuestiones referentes a ella que a menudo resultan  polémicas.
El maltrato a menores es un fenómeno que posee muchas causas que comúnmente son difíciles de identificar, en buena medida esta característica a originado que el maltrato a menores este presente en todas las culturas. Sin embargo este problema no siempre ha presentado los mismos grados de manifestación. Por el contrario es un problema que parece tener la peculiaridad de adaptarse a cada periodo de tiempo, reestructurándose y reorganizándose a tal grado de ser más o menos compatible y acorde con las características ideológicas que preponderantes en dichos periodos de la historia.
Una cuestión que ha propiciado este problema social ha sido que el maltrato es considerado como uno de los métodos más efectivos para educar, corregir y sancionar a los niños en las diferentes culturas. Esto crea un panorama en el cual los padres o encargados de la tutela del niño recurren al maltrato psicológico o físico en el afán de suministrarles las normas y pautas morales. En este sentido el accionar de los padres termina siendo contradictorio con los objetivos que teóricamente y en el papel deberían perseguir. Puesto que lejos de brindarles las concepciones adecuadas de las cuestiones sociales, ocasionan en los niños una visión bien distorsionada y ambigua de la función de la sociedad.
Como se ha venido manejando en el texto el maltrato y abuso a menor abarca una gran cantidad de manifestaciones, presentes por supuesto en cada uno de los sedimentos de las sociedades modernas. Entre las principales formas de maltrato fundamentadas y reconocidas se encuentran: las agresiones corporales o físicas, las agresiones psíquicas o psicológicas, maltrato por negligencia, abuso sexual y maltrato por abandono. Cada una de ellas presenta características plenamente identificables por el sentido denotativo que les confieren las palabras que las componen.
Las formas de maltrato a menores se tipifican a menudo como pasivas y activas.
El maltrato activo engloba a todas aquellas acciones, actitudes y comportamientos que atentan directamente contra la integridad del niño. Son ejemplos de maltrato activo las amenazas, humillaciones, insultos, rechazos, burlas, intimidaciones, criticas, golpes, etc.  Por su parte el maltrato pasivo se manifiesta con la negligencia o incumplimiento de ciertas necesidades indispensables para el niño como la seguridad, el afecto, la  alimentación y la interacción.
Una característica que comparten en común estas manifestaciones es que poseen un potencial nocivo para los niños puesto que priva a los niños de sus derechos y bienestar, a la vez que representan un serio peligro para el desarrollo físico, psíquico y social del niño. En este sentido es común que alguna manifestación del maltrato a menores conlleve a la manifestación de otra, es decir, difícilmente se puede presentar algún tipo de maltrato infantil sin que exista otra. En este sentido un niño que es sometido a la agresión física muy probablemente presentara también secuelas psicológicas. De tal forma que el maltrato en si mismo origina, de cierta forma, condiciones propicias para la aparición de otras formas de maltrato.
Sin embargo en los últimos años ha surgido un especial interés hacia la cuestión del abuso sexual. Pese a que en siglos y décadas anteriores este era un problema relativamente desconocido e ignorado, no se tienen los suficientes referentes teóricos y objetivos que permitan una comprensión cabal de este problema de incumbencia social.
Para iniciar con esta cuestión sería conveniente considerar y partir de la premisa de es la sociedad quien en cierta forma condiciona a sus integrantes realizar estos tipos de acciones. Mediante los estereotipos y atribuciones que les brindan a cada sexo incitan determinados patrones de conductas que en ocasiones resultan en el nivel más extremo de manifestación en conductas que atentan o denigran la integridad de otros individuos de la misma sociedad.
Como las formas de maltrato, el abuso sexual posee muchos factores que le confieren permisividad. Iniciando por el ambiente oculto y aislado en donde por lo general se desenvuelven estos problemas, en este sentido el abuso sexual puede permanecer largo tiempo sin conocer la luz. Esto a su vez facilitado por la característica de que en la mayoría de los casos los adultos perpetradores del abuso posee algún tipo de relación consanguínea con el menor, ante los cual el agredido posee muy pocas posibilidades de revelarse puesto que depende socialmente del adulto. Así pues, el niño siente un temor respecto a las implicaciones que representaría delatar a su agresor filial.
Ante esta problemática han surgido una gran cantidad de instituciones sociales que buscan defender incesantemente los derechos de los niños, obteniendo consecuentemente logros significativos, más no suficientes. El principal problema del abuso sexual a menores radica tal vez en los diferentes niveles de manifestación de este problema, en ocasiones son muy sutiles y prácticamente inidentificables. Los agresores sexuales pueden en este sentido ocultar sus perversas intenciones en gestos, formas de mirar y de tocar, caricias e insinuaciones verbales para gratificarse.
Los datos con los que se disponen acerca del abuso sexual son notablemente limitados y recientes. Dado que hasta hace unas décadas atrás este no era considerado abiertamente como  un problema social. Las cifras del abuso sexual son erróneas y hasta cierto punto especulativas, de tal forma que no se tienen los parámetros adecuados para identificar la dimensión real de este problema.
Otra cuestión que posee características convergentes a las plasmadas anteriormente es la situación del niño trabajador. Clásicamente se ha considerado una buena opción incorporar a los niños al campo laboral con la finalidad de conferirles enseñanzas, organización y disciplina; a la vez de poder fungir como medio de incorporación a las pautas sociales. Sin embargo cuando el trabajo obliga a los niños a permanecer en condiciones indignas, peligrosas e insalubres; además de recibir remuneraciones inexistentes, se estará presentando el problema de la explotación laboral infantil. En ocasiones estos problemas son paliados por los mismos padres que deliberadamente consienten las posturas asumidas por los jefes de los menores. Esto es potencialmente peligroso ya que cuando la familia exige o incita al niño a trabajar desaparece la imagen que debe representar la familia, esto es, una fuente de protección y seguridad social. En estas situaciones el niño se ve sometido a una situación de presión por saberse poseedor de una necesidad por sobrevivir.
De tal forma que el niño en lugar de involucrase en cuestiones referentes al periodo de vida que atraviesa tiene que adoptar las preocupaciones de la vida de los adultos, esto evidentemente genera anomalías en su desarrollo intelectual.  La verdadera cuestión radica en la forma de poder salvaguardar la integridad del niño, sin que este accionar repercuta en su capacidad de sobrevivir.  
Todas estas formas de formas de maltrato supondrán en el futuro serias huellas en los niños, que a su vez los limitaran en el momento de asumirse como hombre o mujer. Estas situaciones ponen en riesgo el desarrollo de los niños al desarrollar en ellos un panorama confuso y contradictorio.
Es evidente entonces que todos los sectores de la sociedad necesitan ser capaces de identificar plenamente todos los niveles de manifestación del maltrato y abuso infantil, en la medida que lo anterior se logre se afianzará la eventual erradicación de este serio problema social.      

ASPECTOS DEL DESARROLLO EN NIÑOS DE CINCO AÑOS, INCLUIDO SU ESTILO DE APRENDER.

El proceso de desarrollo para la adquisición de las nociones básicas de la personalidad e individuación por parte del niño en sus primeros años de vida constituye un proceso muy complejo y dinámico en la que confluyen e interaccionan una gran cantidad de variables y factores. Debido a las interpretaciones ambiguas o erróneas por parte de las sociedades modernas respecto a estas temáticas es común que en ocasiones no se le preste la atención adecuada o bien que las acciones realizadas por los integrantes de estas sociedades con respecto a estos rubros no sean los más idóneos.
En este sentido al abordar el texto se me fueron presentando algunos problemas referentes a la interpretación de ciertos conceptos ajenos a la cotidianidad de mis expresiones y repertorio lingüístico o bien inmerso en contextos y analogías hasta entonces desconocidos para mí. Al analizar e indagar respecto al verdadero significado de estos conceptos es deducible que prácticamente todos están presentes en el vocabulario de la colectividad; sin embargo la connotación relativa implementada por el autor representa un reto de mayores dimensiones para la compresión y adquisición de las ideas planteadas a lo largo del texto.
Otro problema que se me fue presentando durante la lectura fue la incapacidad para comprender cabalmente algunos párrafos, fragmentos o expresiones; originadas según mi suposición; por la relativa complejidad del lenguaje utilizado por el autor y de su gran capacidad para yuxtaponer ideas y expresiones en distintos sentidos y situaciones.
En lo que respecta a problemas meramente relacionados con el contenido sustancial del texto, estos se presentaron mayormente por la contraposición de mis ideas y nociones previas obtenidas de observaciones, deducciones y experiencia social. Desde el comienzo del texto se empezaron a presentar las contrariedades de mi cultura y hasta entonces entendido como verdadero para mí con lo expresando por el autor, estas inconsistencias apareciendo intermitentemente y en general durante todo el texto.
Primeramente me resulto difícil comprender y aceptar que la madre funge en primera instancia como la principal fuente mediante la cual el niño puede ir adquiriendo las nociones básicas respecto a su identidad, singularidad y percepción. En esta lógica la madre o la persona que se encuentre en mayor contacto con el niño durante sus primeros meses de vida no define completamente el autoconcepto por parte del niño, sino que le proporciona ciertos patrones y pautas a partir de los cuales el niño puede y debe comenzar a generar en su propio modelo de identidad. Mis conocimientos, observaciones y deducciones  hasta antes de la lectura no  me permitían asociar correctamente la actividad desempeñada por las madres a una función biosocial tan importante como la determinación de un concepto abstracto unificado del sí-mismo por parte del niño. Después de mi asimilación del concepto inicial del sí-mismo me pareció interesante e importante los pasos preliminares a la aparición completamente estructurada de este autoconcepto. Había notado en ocasiones con singular atención que los niños pequeños solían obsesionarse con la posesión de algunos objetos y juguetes, inclusive cuando estos no les pertenecieran. Así pues la lectura del texto me ayudo a comprender la importancia de estas secuencias conductuales en la aparición del autoconcepto, por supuesto me refiero a la noción de posesión intrínsecamente relacionado con el empleo de la primera persona del singular por parte del niño y el empleo de la expresión “nene” (tercera persona del singular) por parte del niño para designarse no solo así mismo sino a otros niños, además que esta expresión incluye la referencia a juguetes y objetos. Esta evolución paulatina en la designación del niño consigo mismo llega a su máximo auge con la aparición del pronombre “yo” en el incipiente vocabulario del niño. Si bien había observado en mis experiencias cercanas con niños esta actitud reiterativa y prácticamente común en todos los pequeños; y hasta cierto punto las había vinculado como actitudes normales en los niños puesto que por ser pequeños recibían cierta benevolencia e indulgencia de los padres con respecto a sus acciones; no asociaba aún completamente este cuadro de conductas como un requisito prácticamente primordial en la adquisición por parte del niño de su identidad y rol dentro de la familia y sociedad. A la par de la realización de la lectura del texto y ciertamente influenciado por este realice algunas observaciones minuciosas a un niño de 3 años y 7 meses de edad que vive justo enfrente de mi casa. Ya desde algunos meses atrás me había comenzado a intrigar la persistencia en el niño de actitudes de autoritarismo y sentimientos de posesión arbitrarios; los cuales atribuí de primera impresión a la excesiva  condescendencia que mostraba especialmente la madre y la aprobación hasta cierto punto del padre. Probablemente esta hipótesis no esté alejada completamente de la realidad pero con la lectura del texto me fue posible atribuir otras causas a las que había postulado en un principio. Una de estas nuevas conjeturas es la que tiene que ver con la importancia del lenguaje para la aparición de la fase más avanzada y compleja del autoconcepto infantil (pronombre “yo”); puesto que el niño parecía tener un serio y evidente problema en cuanto al desarrollo oportuno del lenguaje. En este sentido el niño tuvo que ir en cierta forma adecuando el desarrollo gradual del autoconcepto de su identidad por problemas referentes al desarrollo tardío de ciertas herramientas lingüísticas, en este sentido pude comprobar lo expuesto en el texto con respecto a la función facilitante del lenguaje en la noción de identidad biosocial por parte del niño.
Otro aspecto que me pareció relativamente confuso fue el correspondiente al desarrollo de la etapa en la que los niños presentan una actitud de omnipotencia ante sus padres y en general cualquier persona que interacciona con ellos durante este lapso de tiempo;  esta actitud que presentan los niños es ocasionado probablemente a la conjugación de varios factores que llevan al niño a pensar que sus padres y demás personas están a sus órdenes. Con el transcurrir de la lectura me fui resignando a la idea de que esta actitud por parte de los niños es debido a la indulgencia de los padres y al incipiente desarrollo cognoscitivo de los niños, ya que estos asocian el accionar servicial por parte de los padres con ellos como una cuestión de subordinación, subordinación que se ve consolidada en la percepción del niño por la reiterativa complacencia de los padres aún por las cuestiones más absurdas e insignificantes. En mis experiencias personales los niños asumen esta postura de egocentrismo con mucha firmeza y la desarrollan durante un periodo relativamente largo, como ya se menciono anteriormente la mayoría de las veces cobijado por la actitud de sobreprotección de los padres y cuyo deslinde en los niños es un proceso lento, difícil y extenuante. 

Pero sin duda en el desarrollo de la lectura y hacia el final de la misma, la cuestión que me causo mas contradicción, interés y emoción fueron las implicaciones en los procesos de la desvalorización del yo; así como las opciones de la satelización o no satelizacion por parte de los niños como posibles rutas alternativas para la desvalorización del yo.
Confieso que antes del texto no había considerado y analizado esta cuestión como una de las etapas primordiales en el desarrollo del autoconcepto en el niño; mas bien no lo había considerado nunca en el transcurso de mis observaciones y experiencias de la vida cotidiana, por lo cual al encontrarlo plasmado en el texto representó una cuestión totalmente desconocida y hasta cierto punto compleja, interesante y ambigua. Las consideraciones tomadas por mi parte para abordar el tema fueron breves recapitulaciones de mi vida y experiencia interpersonales relacionadas a las posibles causas que originaron la necesidad de la desvinculación con la excesiva exaltación del yo en dichos casos. Aunque en realidad estas actividades de acercamiento con el tema en cuestión fueron primordialmente encaminadas, hasta cierto punto de manera inconsciente, a la refutación o aceptación por parte de lo expresado en el texto. Estos métodos un tanto rudimentarios debidos en mayor medida, como mencione en líneas anteriores a mi ajenidad con el tema.
En este sentido lo rescatable de la lectura y experiencias propias es que acontece un momento en el cual el niño ya no puede sostener rol de “astro rey” que venía desempeñando dentro de la familia. Primeramente esto originado por la percepción cada vez más evidente del niño respecto a su incapacidad y dependencia hacia sus padres, es decir el desarrollo de una fase para la adquisición del autoconcepto origina casi consecuentemente las condiciones necesarias para la desvalorización del yo. De tal suerte que llega un momento en el cual el niño se da cuenta que su capacidad volitiva no es necesariamente una cuestión que  obligatoriamente deban satisfacer los padres, sino que más bien lo realizan por motivos de benevolencia y altruismo. Entonces comienza la fase más interesante de la desvalorización del yo, en donde los niños al notar que el rol que venía desempeñando es prácticamente insostenible por lo que la alternativa más viable para el niño la constituye la satelización, es decir, el paso del niño de un rol central dentro del contexto familiar a una posición subordinada y dependiente (de ahí la analogía con el satélite, debido a la evidente dependencia de este a los planetas y otros cuerpos celestes). Esta posición que asume el niño en el contexto familiar le permite en cierta forma estar cerca de la persona que posee el poder y “omnipotencia”; por lo cual no es erróneo afirmar que el niño aún conserva el anhelo de recuperar o al menos compartir este poder que hasta hace poco lo correspondía. Evidentemente que este anhelo se va atenuando hasta desaparecer prácticamente conforme el niño adquiere mayor madurez cognoscitiva puesto que cada vez es más consciente y comprende mejor el rol que desempeña dentro de la familia. Conforme fui relacionando la parte central del texto con el desenlace pude transportar a la vida cotidiana ciertas proposiciones del texto con respecto a varios factores que influyen directamente en el logro de esta satelización; presumiéndola como el método ideal para la desvalorización del yo.
En este sentido había observado que en ocasiones la menor o mayor capacidad por parte de los niños para poder desvincularse de estas actitudes egocéntricas estaba determinado por la actitud que asumían los padres en este periodo de vida del niño. De tal forma que las familias que había observado y  que tenían normas más relajadas lograban más eficazmente este proceso de desvalorización en el niño mientras que los ambientes hogareños con mayor rigurosidad de las reglas no lograban llevar a buen fin este proceso de desvalorización. De tal forma que durante el proceso de lectura de la parte final del texto pude comprobar dichas observaciones inicialmente para mí subjetivas y poco fundamentadas. Sin embargo me fue grato hallar en el texto lo referente a la influencia de la disciplina democrática y autoritaria dentro de este proceso de deslindamiento. Por lo cual después de concluir la lectura del texto relacione este último postulado con ejemplos de mis experiencias acumuladas para tener una noción mas concreta de la importancia de estas cuestiones de disciplina familiar y su trascendencia en diversos ámbitos de la conformación de nuestra concepción de la cultura.
De tal forma llegue al final de la lectura del texto, fue durante todo el proceso algo muy gratificante y enriquecedor para mi experiencia personal. Aunque en algunas situaciones me sentí un tanto irritado y estresado por no coincidir o comprender correctamente algunos planteamientos e ideas por parte del autor, encontré la manera de asociar estas nuevas ideas encontradas en el texto con mis nociones y concepciones previas a la lectura para realizar un análisis generalizado del tema y externo al punto de vista del autor.
Por lo cual resulta más que evidente establecer que son los padres quienes fungen en primera instancia como los representantes de la cultura general para los niños. Muchos de los problemas relacionados a la incorrecta conducción por parte de los padres respecto de estas pautas fundamentales en el desarrollo de los niños son ocasionados por la poca difusión e importancia que se les brinda a estos temas, son las mismas carencias de información y conocimiento en estos aspectos los que originan dicho desinterés. Por lo cual es de vital importancia comenzar a concientizar a la población sobre las características idóneas en el cuidado infantil que propicien una correcta adquisición de estas nociones y conceptos propios, al mismo tiempo que las integran con otras estructuras y características cambiantes inevitablemente a lo largo del tiempo en nuestra sociedad.

ASPECTOS DEL DESARROLLO EN NIÑOS DE CINCO AÑOS, INCLUIDO SU ESTILO DE APRENDER.

Una de las etapas trascendentales en la adquisición de las nociones de personalidad, desarrollo psicomotor y maduración cognoscitiva en los niños lo representa la llegada de los años preescolares. De cierta forma muchas de estas características mencionadas anteriormente ya venían evolucionando de forma notable en edades y períodos de desarrollo anteriores; sin embargo son en estos años donde las habilidades, conductas y demás características se reestructuran y manifiestan con mayor fuerza para emprender un rumbo definitivo hacia la consolidación de la personalidad de los de los niños en los años futuros.
Con la finalidad de reforzar y hacer más ilustrativos los contenidos que se abordarán durante el desarrollo del escrito se realizarán comparaciones y analogías entorno a una serie de observaciones realizadas a un grupo de niños dentro de un rango de edad de 3 a 7 años. Los niños fueron sometidos deliberadamente a una serie de juegos y actividades que supusieron una amplia gama de situaciones. No obstante las interpretaciones que se puedan externar en el texto respecto a las actitudes o conductas asumidas por los niños son presentadas en calidad de hipótesis y no buscan otro fin más que el de fungir como herramienta complementaria. Los niños estudiados provienen de familias con características y contextos sociales equiparables; por lo que la única característica disyuntiva entre los niños es la edad.
Así pues, los años preescolares implican el arribo una gran cantidad de emociones y experiencias para los niños, permeados en buena medida por las nuevas habilidades y nociones adquiridas durante el desarrollo de las etapas anteriores. Los niños durante este periodo se encuentran fascinados y ansiosos por descubrir todo lo que les es posible realizar con sus poderes recién identificados, por lo que no es raro encontrarlos absortos en cualquier tipo de actividades y juegos durante el transcurrir del día. Muy a menudo se trazan retos u obstáculos en el afán de revalidar el alcance real de sus facultades; durante la realización de las observaciones era muy común que algún pequeño intentara mostrar alguna variante o modificación con respecto a las actividades y reglas que en el papel se deberían realizar en los juegos propuestos. Gael, uno de los niños observados, constantemente realizaba intentos para persuadir a los demás niños respecto a las reglas que debía adoptar el juego. No obstante al encontrar sus intenciones frustradas optaba por realizar maniobras y piruetas más complejas, mostrando y revalidando su gran capacidad motriz y de coordinación; a la vez que incitaba de cierta forma a los demás niños a repetir o superar dificultad de sus ejecuciones.
Durante este periodo de desarrollo es común que los niños se fijen obstáculos y metas con la única finalidad de afianzar su satisfacción por las nuevas aptitudes corporales adquiridas. Inclusive este afán por conocer sus nuevas habilidades los lleva a cuestionar prácticamente todo lo que observan que realizan sus iguales y los adultos. En esta lógica los niños adquieren el sentimiento y actitud de poder realizar las cosas de manera más satisfactoria y efectiva que los métodos implementados  por los otros niños y adultos. Es común observar en las interacciones entre niños las situaciones que buscan reafirmar la supremacía ejecutiva. De igual forma los niños suelen manifestar esta actitud con los adultos; por supuesto de forma un poco más atenuada. En las observaciones esta fue una característica común en todos los niños, puesto que todos intentaban en mayor o menor medida imponer algunas condiciones durante los juegos. Durante el desarrollo de los juegos Reyli manifestaba constantemente actitudes de desaprobación frente a las propuestas que emitíamos respecto a los juegos, argumentando que en oportunidades anteriores había jugado con otras personas obteniendo resultados más gratificantes de los que probablemente obtendríamos de no modificar nuestros planes.
Sin embargo la sociedad no es lo suficientemente comprensiva durante este periodo de desarrollo con los niños, son estos años en los cuales los padres plantean mas exigencias y rigores a los niños; además de la exaltación de las expectativas respecto a sus hijos. Este es un aspecto que me pareció a bien recuperar debido a  algunas contrariedades que se presentan en el desarrollo de estructuras cognitivas en los niños.
Uno de los factores fundamentales que permiten lo anterior es la notable facilidad de lenguaje de los niños, los adultos interpretan esta manifestación como característica común en todas las habilidades y estructuras de los niños. Al percatarse de esto los padres proceden a subir de tono las exigencias con los niños, este es un punto cumbre en donde se manifiestan algunas incongruencias con las interpretaciones de los padres. La explicación es sencilla, el desarrollo de las habilidades y estructuras cognitivas en los niños no es uniforme, sino variada y difusa.
En este sentido, la madre de José nos comentó que ella se había sentido especialmente motivada con la manifestación fluida del lenguaje oral por parte de su hijo, José a pesar de su corta edad ya es capaz de articular expresiones relativamente largas y complejas; pudiendo en ocasiones repetir con mayor o menor fidelidad las expresiones utilizadas en las charlas entabladas entre los adultos que conviven con él. Sin embargo José presenta una actitud intermitente, ya que en muchas ocasiones puede comportarse de manera civilizada y acatándose en la medida de lo posible a las instrucciones de su madre; no obstante ante la menor provocación o estímulo puede pasar a un arrebato de cólera y hostilidad. La madre nos confesó que se sentía un tanto confusa y decepcionada por estas manifestaciones conductuales contradictorias por parte de su  hijo. 
De esta forma los niños en edad preescolar pueden actuar coherentemente durante la mayor parte del tiempo y pasar súbitamente a un estado de arranques injustificados.
Otro rasgo  interesante observado durante los juegos es la expresión de ciertas frases y preguntas por parte de los niños hacia los adultos, frases y preguntas que poseen cierto grado de complejidad y que en teoría no deberían pertenecer al vocabulario de niños de edades inferiores a cinco años. Julissa le preguntó de manera adecuada a una de mis compañeras de observación: “¿Cuál es tu serie de televisión favorita?”, a lo que mi compañera respondió conmocionada “la serie televisiva Bones”, la niña no sé inmuto y pareció importarle poco la respuesta de mi compañera. Este tipo de situaciones son comunes entre los niños que pertenecen a familias con cierto nivel cultural o al menos con acceso adecuado a la información. Los niños lo que realizan es prácticamente reproducir las frase o temas comunes de su entorno familiar, la mayoría de la ocasiones lo hacen sin pretensiones de recibir una respuesta, de manera casi inconsciente o tal vez con la única finalidad de asombrar o gratificar a los adultos. 
Por otra parte, los niños en estas edades ya poseen definido ciertas concepciones relativas al bien y el mal.
Durante el desarrollo del juego “Los Quemados”  Gael lanzó la pelota con gran violencia para impactar contundentemente a José, este al recibir el golpe comenzó inevitablemente a llorar. Acto seguido por la intervención de Julissa, quien  reprobó completamente la acción ejecutada por Gael. Calificándola de prepotente y como señal inequívoca de mala educación. Además de recordarle que esa acción no era correcta puesto que podría dañar la integridad física de José.


Uno de los procesos más complejos por los que atraviesan los niños en los años preescolares es la consolidación de su los rasgos propios de su identidad. Sin duda existen teorías interesantes que buscan explicar coherentemente el desarrollo de la identidad de los niños, no obstante una de las teorías más difundidas y controversiales es la formulada por Sigmund Freud, eminente médico suizo considerado el principal pionero del psicoanálisis. De tal forma para Freud la adquisición de los rasgos de identidad en los niños va ligada directamente con su sexualidad. En primera instancia manifestada en una etapa pregenital, en la que la estimulación de ciertas zonas autoerógenas son las que podrían de algún modo ayudar a la reafirmación de la identidad de los niños. Es obvio que este proceso conlleva la exploración sus los genitales, lo cual asegura que los niños identifiquen sus diferencias con los integrantes del sexo opuesto. Por supuesto para que este proceso se ejecute satisfactoriamente deben presentarse otros factores. Podría requerir primeramente la influencia facilitante de los padres respecto a las nociones de los sexos y además poder en cierta forma observar la fisiología de un niño del sexo opuesto, en donde la diferencias que pudiese observar respecto a las estructuras genitales, darían  paso a la formación de una imagen más madura de sí mismo.
En este periodo es común observar que los niños presenten tendencias acordes al Complejo de Edipo y  al Complejo de Electra, que no son más que ciertas manifestaciones de cierta atracción o identificación con el progenitor de sexo opuesto.
Esta situación es asociada comúnmente con la  expresión “mayor condescendencia de la madre hacia el hijo y del padre hacia la hija”. En los casos observados Julissa se lastimó accidentalmente en una ocasión, por lo cual acudió inmediatamente al encuentro de su padre que se encontraba al otro lado de la acera para que la consolase, cuando su madre se encontraba en el extremo más cercano de la calle donde había ocurrido el incidente. Estas conductas reafirman ciertas preferencias expresadas por los niños hacia los padres de sexo opuesto. Sin embargo estas características no prevalecen durante toda la infancia, sino que se hacen presentes durante un periodo de tiempo relativamente considerable. Con la paulatina maduración cognitiva y sexual de los niños estas conductas se irán atenuando y regularizando.
Pero igualmente es posible atribuir esta identificación de la personalidad a causas más bien sociales que relacionadas con la sexualidad.
Teorías como la que se basa en la existencia de estadios en el desarrollo infantil: Confianza vs. Desconfianza y Autonomía vs. Vergüenza y duda son opciones igualmente alentadoras a la hora de explicar los aspectos de la identidad de los niños.
Pues bien, una vez que el niño posea una imagen más o menos estructurada de si mismo tiende a enriquecerla con características y atributos  que le permitan identificarse a sí mismo como una entidad con características propias, es decir, redefine su autoconcepto. A grandes rasgos las características que pueden presentarse en el autoconcepto son:
-Los niños preescolares suelen definirse a sí mismos en función de su apariencia física (<<soy flaco>>), de sus logros   (<<soy un niño que sabe andar en bicicleta>>) o inclusive por las actividades que realizan (<<soy un niño que colecciona bichos>>). En cierta forma los niños en esta etapa pueden realizar inferencias y atribuir cierto tipo de actividades o características de la vida común como representativos de su personalidad. En los casos observados Gael después de externarnos su nombre como principal rasgo de identidad, nos mencionó todas las actividades en las que su desempeño era portentoso. Prácticamente como intentando decirnos que su desempeño en esas actividades era equiparable a su identidad y personalidad.
- Por otro lado también es común entre los niños las descripciones de forma generalizada, vaga y poco específica. Por ejemplo (<<malo en los deportes>>), sin más aclaraciones. De cierta forma en estas respuestas se sigue denotando cierta tendencia a atribuir la personalidad hacia acciones y actividades. No obstante con la maduración del niño estas tipificaciones del autoconcepto se volverán más específicas y diferenciadoras. A la vez que la complejidad y contenidos de estos aumentará.
Durante uno de los periodos intermediarios de los juegos se presentó una pequeña discusión entre los niños en donde cada quien manifestó las actividades que realizaba de mejor manera. Dentro de los comentarios que más se acoplan a este característica esta el emitido por Rey David cuando dijo que era malo en las actividades relacionadas con el arte, pero bueno en las actividades deportivas. Podemos notar el sentido hasta cierto punto ambiguo en la expresión del niño, donde no especifica adecuadamente cada cuestión y sus implicaciones.
-Los niños en edad preescolar suelen asociar las relaciones sociales como simples conexiones entre personas. En este ámbito es común que los niños se definan como <<hijo>>, o <<amigo>> o <<hermano>>, de tal forma que las relaciones y vínculos sociales y familiares se limitan solamente a conexiones entre unas personas y otras.
Durante un enfrentamiento entre Gael y Reyli, el segundo amenazó al primero recordándole que era “amigo” de Víctor, y que de no dejarlo en paz informaría a Víctor para que este tomara cartas en el asunto. En este caso en niño utiliza un vínculo social para identificarse a la vez que logra persuadir a Gael. Pero es claro que no atribuye ninguna otra característica más profunda a Víctor, sino que solamente lo limita al término <<amigo>>.
-Finalmente los niños tienden a basar su autoconcepto en videncias externas, arbitrarias y situacionales. Es decir, fundamentan de cierta forma su identidad  en hechos concretos ocurridos en momentos determinados. Por otra parte los niños también suelen adoptar las características que les confieren los individuos importantes en su vida. Por ejemplo, un niño puede decirnos que es <<bueno>> porque <<ayer ayudé a mi mamá en sus labores domésticas>>. De igual forma una niña puede decirnos que es <<traviesa>> porque <<me lo ha dicho mi abuela>>.
Una de mis compañeras de observación recordó que en una ocasión Gael había dicho soy <<veloz>> porque <<gané una carrera en mi escuela>>. En donde el asocia la velocidad como una característica propia y representativa, puesto que en una ocasión la empleó para ganar una carrera.
Pero pareciera ser que la evolución e implicaciones que pueden ir teniendo el autoconcepto y personalidad son cada vez más variadas y complejas. Así pues, cuando los niños atribuyan cierto valor e importancia a estas autodescripciones nos estaremos aproximando cada vez más al concepto de autoestima. La autoestima representa en cierta manera la dimensión evaluativa del autoconcepto.
Para la modelación de la autoestima son variados los factores que deben intervenir no solamente en el actual periodo de desarrollo de los niños, sino que desde etapas anteriores esta cualidad ya se había comenzando a gestar.
Finalmente se pueden mencionar que dentro de los principales factores que determinan la autoestima de los niños están:
El nivel de aceptación que le confieran los padres al niño respecto a sus acciones, actitudes y logros. Esto va fomentando en los niños un desarrollo gradual de la confianza, componente decisivo en la estructuración final de la autoestima. Igualmente son importantes la calidad de trato que reciba el niño por parte de los adultos, ya que esto permitirá afianzar cierto tipo de aptitudes y habilidades dentro la vida familiar, en el desarrollo cognitivo y finalmente en última instancia en el ámbito de la socialización.
Otra característica trascendental para la cimentación adecuada de la autoestima es el descubrimiento de la “constancia del sexo”, que implica además de saber que es niña o niño, ser consciente de que es una característica invariable durante toda la vida. Esta noción les permitirá a los niños un desarrollo más sereno de su personalidad, que posteriormente será requisito fundamental para la autoestima.
Llegamos pues a la conclusión que existen una amplia gama de factores que interaccionan para moldear, adecuar y reestructurar todas las características que puedan presentar los niños durante la edad preescolar
Sin embargo no podemos negar que las acciones que los padres realicen en este periodo afectan directamente a casi todas las características de los niños. Las posturas asumidas por los padres en la edad preescolar de sus hijos tendrán repercusiones en el nivel de éxito que puedan lograr los niños en sus interacciones de socialización en sus iguales e inclusive de su gradual desarrollo cognoscitivo.
Finalmente partiendo de todas estas características estudiadas acerca del desarrollo de los niños, nos es posible confabular estrategias y métodos de enseñanza adecuados que posibilite a los niños un desarrollo más armonioso durante estas etapas fundamentales de su vida. De tal forma que es posible fungir como facilitadores para los niños en la adquisición de todas estas pautas y habilidades vitales para contribuir al mejoramiento de esta compleja sociedad. 

SECUENCIAS NORMATIVAS EN EL DESARROLLO DEL YO.


El proceso de desarrollo para la adquisición de las nociones básicas de la personalidad e individuación por parte del niño en sus primeros años de vida constituye un proceso muy complejo y dinámico en la que confluyen e interaccionan una gran cantidad de variables y factores. Debido a las interpretaciones ambiguas o erróneas por parte de las sociedades modernas respecto a estas temáticas es común que en ocasiones no se le preste la atención adecuada o bien que las acciones realizadas por los integrantes de estas sociedades con respecto a estos rubros no sean los más idóneos.
En este sentido al abordar el texto se me fueron presentando algunos problemas referentes a la interpretación de ciertos conceptos ajenos a la cotidianidad de mis expresiones y repertorio lingüístico o bien inmerso en contextos y analogías hasta entonces desconocidos para mí. Al analizar e indagar respecto al verdadero significado de estos conceptos es deducible que prácticamente todos están presentes en el vocabulario de la colectividad; sin embargo la connotación relativa implementada por el autor representa un reto de mayores dimensiones para la compresión y adquisición de las ideas planteadas a lo largo del texto.
Otro problema que se me fue presentando durante la lectura fue la incapacidad para comprender cabalmente algunos párrafos, fragmentos o expresiones; originadas según mi suposición; por la relativa complejidad del lenguaje utilizado por el autor y de su gran capacidad para yuxtaponer ideas y expresiones en distintos sentidos y situaciones.
En lo que respecta a problemas meramente relacionados con el contenido sustancial del texto, estos se presentaron mayormente por la contraposición de mis ideas y nociones previas obtenidas de observaciones, deducciones y experiencia social. Desde el comienzo del texto se empezaron a presentar las contrariedades de mi cultura y hasta entonces entendido como verdadero para mí con lo expresando por el autor, estas inconsistencias apareciendo intermitentemente y en general durante todo el texto.
Primeramente me resulto difícil comprender y aceptar que la madre funge en primera instancia como la principal fuente mediante la cual el niño puede ir adquiriendo las nociones básicas respecto a su identidad, singularidad y percepción. En esta lógica la madre o la persona que se encuentre en mayor contacto con el niño durante sus primeros meses de vida no define completamente el autoconcepto por parte del niño, sino que le proporciona ciertos patrones y pautas a partir de los cuales el niño puede y debe comenzar a generar en su propio modelo de identidad. Mis conocimientos, observaciones y deducciones  hasta antes de la lectura no  me permitían asociar correctamente la actividad desempeñada por las madres a una función biosocial tan importante como la determinación de un concepto abstracto unificado del sí-mismo por parte del niño. Después de mi asimilación del concepto inicial del sí-mismo me pareció interesante e importante los pasos preliminares a la aparición completamente estructurada de este autoconcepto. Había notado en ocasiones con singular atención que los niños pequeños solían obsesionarse con la posesión de algunos objetos y juguetes, inclusive cuando estos no les pertenecieran. Así pues la lectura del texto me ayudo a comprender la importancia de estas secuencias conductuales en la aparición del autoconcepto, por supuesto me refiero a la noción de posesión intrínsecamente relacionado con el empleo de la primera persona del singular por parte del niño y el empleo de la expresión “nene” (tercera persona del singular) por parte del niño para designarse no solo así mismo sino a otros niños, además que esta expresión incluye la referencia a juguetes y objetos. Esta evolución paulatina en la designación del niño consigo mismo llega a su máximo auge con la aparición del pronombre “yo” en el incipiente vocabulario del niño. Si bien había observado en mis experiencias cercanas con niños esta actitud reiterativa y prácticamente común en todos los pequeños; y hasta cierto punto las había vinculado como actitudes normales en los niños puesto que por ser pequeños recibían cierta benevolencia e indulgencia de los padres con respecto a sus acciones; no asociaba aún completamente este cuadro de conductas como un requisito prácticamente primordial en la adquisición por parte del niño de su identidad y rol dentro de la familia y sociedad. A la par de la realización de la lectura del texto y ciertamente influenciado por este realice algunas observaciones minuciosas a un niño de 3 años y 7 meses de edad que vive justo enfrente de mi casa. Ya desde algunos meses atrás me había comenzado a intrigar la persistencia en el niño de actitudes de autoritarismo y sentimientos de posesión arbitrarios; los cuales atribuí de primera impresión a la excesiva  condescendencia que mostraba especialmente la madre y la aprobación hasta cierto punto del padre. Probablemente esta hipótesis no esté alejada completamente de la realidad pero con la lectura del texto me fue posible atribuir otras causas a las que había postulado en un principio. Una de estas nuevas conjeturas es la que tiene que ver con la importancia del lenguaje para la aparición de la fase más avanzada y compleja del autoconcepto infantil (pronombre “yo”); puesto que el niño parecía tener un serio y evidente problema en cuanto al desarrollo oportuno del lenguaje. En este sentido el niño tuvo que ir en cierta forma adecuando el desarrollo gradual del autoconcepto de su identidad por problemas referentes al desarrollo tardío de ciertas herramientas lingüísticas, en este sentido pude comprobar lo expuesto en el texto con respecto a la función facilitante del lenguaje en la noción de identidad biosocial por parte del niño.
Otro aspecto que me pareció relativamente confuso fue el correspondiente al desarrollo de la etapa en la que los niños presentan una actitud de omnipotencia ante sus padres y en general cualquier persona que interacciona con ellos durante este lapso de tiempo;  esta actitud que presentan los niños es ocasionado probablemente a la conjugación de varios factores que llevan al niño a pensar que sus padres y demás personas están a sus órdenes. Con el transcurrir de la lectura me fui resignando a la idea de que esta actitud por parte de los niños es debido a la indulgencia de los padres y al incipiente desarrollo cognoscitivo de los niños, ya que estos asocian el accionar servicial por parte de los padres con ellos como una cuestión de subordinación, subordinación que se ve consolidada en la percepción del niño por la reiterativa complacencia de los padres aún por las cuestiones más absurdas e insignificantes. En mis experiencias personales los niños asumen esta postura de egocentrismo con mucha firmeza y la desarrollan durante un periodo relativamente largo, como ya se menciono anteriormente la mayoría de las veces cobijado por la actitud de sobreprotección de los padres y cuyo deslinde en los niños es un proceso lento, difícil y extenuante.
Pero sin duda en el desarrollo de la lectura y hacia el final de la misma, la cuestión que me causo mas contradicción, interés y emoción fueron las implicaciones en los procesos de la desvalorización del yo; así como las opciones de la satelización o no satelizacion por parte de los niños como posibles rutas alternativas para la desvalorización del yo.
Confieso que antes del texto no había considerado y analizado esta cuestión como una de las etapas primordiales en el desarrollo del autoconcepto en el niño; mas bien no lo había considerado nunca en el transcurso de mis observaciones y experiencias de la vida cotidiana, por lo cual al encontrarlo plasmado en el texto representó una cuestión totalmente desconocida y hasta cierto punto compleja, interesante y ambigua. Las consideraciones tomadas por mi parte para abordar el tema fueron breves recapitulaciones de mi vida y experiencia interpersonales relacionadas a las posibles causas que originaron la necesidad de la desvinculación con la excesiva exaltación del yo en dichos casos. Aunque en realidad estas actividades de acercamiento con el tema en cuestión fueron primordialmente encaminadas, hasta cierto punto de manera inconsciente, a la refutación o aceptación por parte de lo expresado en el texto. Estos métodos un tanto rudimentarios debidos en mayor medida, como mencione en líneas anteriores a mi ajenidad con el tema.
En este sentido lo rescatable de la lectura y experiencias propias es que acontece un momento en el cual el niño ya no puede sostener rol de “astro rey” que venía desempeñando dentro de la familia. Primeramente esto originado por la percepción cada vez más evidente del niño respecto a su incapacidad y dependencia hacia sus padres, es decir el desarrollo de una fase para la adquisición del autoconcepto origina casi consecuentemente las condiciones necesarias para la desvalorización del yo. De tal suerte que llega un momento en el cual el niño se da cuenta que su capacidad volitiva no es necesariamente una cuestión que  obligatoriamente deban satisfacer los padres, sino que más bien lo realizan por motivos de benevolencia y altruismo. Entonces comienza la fase más interesante de la desvalorización del yo, en donde los niños al notar que el rol que venía desempeñando es prácticamente insostenible por lo que la alternativa más viable para el niño la constituye la satelización, es decir, el paso del niño de un rol central dentro del contexto familiar a una posición subordinada y dependiente (de ahí la analogía con el satélite, debido a la evidente dependencia de este a los planetas y otros cuerpos celestes). Esta posición que asume el niño en el contexto familiar le permite en cierta forma estar cerca de la persona que posee el poder y “omnipotencia”; por lo cual no es erróneo afirmar que el niño aún conserva el anhelo de recuperar o al menos compartir este poder que hasta hace poco lo correspondía. Evidentemente que este anhelo se va atenuando hasta desaparecer prácticamente conforme el niño adquiere mayor madurez cognoscitiva puesto que cada vez es más consciente y comprende mejor el rol que desempeña dentro de la familia. Conforme fui relacionando la parte central del texto con el desenlace pude transportar a la vida cotidiana ciertas proposiciones del texto con respecto a varios factores que influyen directamente en el logro de esta satelización; presumiéndola como el método ideal para la desvalorización del yo.
En este sentido había observado que en ocasiones la menor o mayor capacidad por parte de los niños para poder desvincularse de estas actitudes egocéntricas estaba determinado por la actitud que asumían los padres en este periodo de vida del niño. De tal forma que las familias que había observado y  que tenían normas más relajadas lograban más eficazmente este proceso de desvalorización en el niño mientras que los ambientes hogareños con mayor rigurosidad de las reglas no lograban llevar a buen fin este proceso de desvalorización. De tal forma que durante el proceso de lectura de la parte final del texto pude comprobar dichas observaciones inicialmente para mí subjetivas y poco fundamentadas. Sin embargo me fue grato hallar en el texto lo referente a la influencia de la disciplina democrática y autoritaria dentro de este proceso de deslindamiento. Por lo cual después de concluir la lectura del texto relacione este último postulado con ejemplos de mis experiencias acumuladas para tener una noción mas concreta de la importancia de estas cuestiones de disciplina familiar y su trascendencia en diversos ámbitos de la conformación de nuestra concepción de la cultura.
De tal forma llegue al final de la lectura del texto, fue durante todo el proceso algo muy gratificante y enriquecedor para mi experiencia personal. Aunque en algunas situaciones me sentí un tanto irritado y estresado por no coincidir o comprender correctamente algunos planteamientos e ideas por parte del autor, encontré la manera de asociar estas nuevas ideas encontradas en el texto con mis nociones y concepciones previas a la lectura para realizar un análisis generalizado del tema y externo al punto de vista del autor.
Por lo cual resulta más que evidente establecer que son los padres quienes fungen en primera instancia como los representantes de la cultura general para los niños. Muchos de los problemas relacionados a la incorrecta conducción por parte de los padres respecto de estas pautas fundamentales en el desarrollo de los niños son ocasionados por la poca difusión e importancia que se les brinda a estos temas, son las mismas carencias de información y conocimiento en estos aspectos los que originan dicho desinterés. Por lo cual es de vital importancia comenzar a concientizar a la población sobre las características idóneas en el cuidado infantil que propicien una correcta adquisición de estas nociones y conceptos propios, al mismo tiempo que las integran con otras estructuras y características cambiantes inevitablemente a lo largo del tiempo en nuestra sociedad.