El proceso de desarrollo para la adquisición de las nociones básicas de la personalidad e individuación por parte del niño en sus primeros años de vida constituye un proceso muy complejo y dinámico en la que confluyen e interaccionan una gran cantidad de variables y factores. Debido a las interpretaciones ambiguas o erróneas por parte de las sociedades modernas respecto a estas temáticas es común que en ocasiones no se le preste la atención adecuada o bien que las acciones realizadas por los integrantes de estas sociedades con respecto a estos rubros no sean los más idóneos.
En este sentido al abordar el texto se me fueron presentando algunos problemas referentes a la interpretación de ciertos conceptos ajenos a la cotidianidad de mis expresiones y repertorio lingüístico o bien inmerso en contextos y analogías hasta entonces desconocidos para mí. Al analizar e indagar respecto al verdadero significado de estos conceptos es deducible que prácticamente todos están presentes en el vocabulario de la colectividad; sin embargo la connotación relativa implementada por el autor representa un reto de mayores dimensiones para la compresión y adquisición de las ideas planteadas a lo largo del texto.
Otro problema que se me fue presentando durante la lectura fue la incapacidad para comprender cabalmente algunos párrafos, fragmentos o expresiones; originadas según mi suposición; por la relativa complejidad del lenguaje utilizado por el autor y de su gran capacidad para yuxtaponer ideas y expresiones en distintos sentidos y situaciones.
En lo que respecta a problemas meramente relacionados con el contenido sustancial del texto, estos se presentaron mayormente por la contraposición de mis ideas y nociones previas obtenidas de observaciones, deducciones y experiencia social. Desde el comienzo del texto se empezaron a presentar las contrariedades de mi cultura y hasta entonces entendido como verdadero para mí con lo expresando por el autor, estas inconsistencias apareciendo intermitentemente y en general durante todo el texto.
Primeramente me resulto difícil comprender y aceptar que la madre funge en primera instancia como la principal fuente mediante la cual el niño puede ir adquiriendo las nociones básicas respecto a su identidad, singularidad y percepción. En esta lógica la madre o la persona que se encuentre en mayor contacto con el niño durante sus primeros meses de vida no define completamente el autoconcepto por parte del niño, sino que le proporciona ciertos patrones y pautas a partir de los cuales el niño puede y debe comenzar a generar en su propio modelo de identidad. Mis conocimientos, observaciones y deducciones hasta antes de la lectura no me permitían asociar correctamente la actividad desempeñada por las madres a una función biosocial tan importante como la determinación de un concepto abstracto unificado del sí-mismo por parte del niño. Después de mi asimilación del concepto inicial del sí-mismo me pareció interesante e importante los pasos preliminares a la aparición completamente estructurada de este autoconcepto. Había notado en ocasiones con singular atención que los niños pequeños solían obsesionarse con la posesión de algunos objetos y juguetes, inclusive cuando estos no les pertenecieran. Así pues la lectura del texto me ayudo a comprender la importancia de estas secuencias conductuales en la aparición del autoconcepto, por supuesto me refiero a la noción de posesión intrínsecamente relacionado con el empleo de la primera persona del singular por parte del niño y el empleo de la expresión “nene” (tercera persona del singular) por parte del niño para designarse no solo así mismo sino a otros niños, además que esta expresión incluye la referencia a juguetes y objetos. Esta evolución paulatina en la designación del niño consigo mismo llega a su máximo auge con la aparición del pronombre “yo” en el incipiente vocabulario del niño. Si bien había observado en mis experiencias cercanas con niños esta actitud reiterativa y prácticamente común en todos los pequeños; y hasta cierto punto las había vinculado como actitudes normales en los niños puesto que por ser pequeños recibían cierta benevolencia e indulgencia de los padres con respecto a sus acciones; no asociaba aún completamente este cuadro de conductas como un requisito prácticamente primordial en la adquisición por parte del niño de su identidad y rol dentro de la familia y sociedad. A la par de la realización de la lectura del texto y ciertamente influenciado por este realice algunas observaciones minuciosas a un niño de 3 años y 7 meses de edad que vive justo enfrente de mi casa. Ya desde algunos meses atrás me había comenzado a intrigar la persistencia en el niño de actitudes de autoritarismo y sentimientos de posesión arbitrarios; los cuales atribuí de primera impresión a la excesiva condescendencia que mostraba especialmente la madre y la aprobación hasta cierto punto del padre. Probablemente esta hipótesis no esté alejada completamente de la realidad pero con la lectura del texto me fue posible atribuir otras causas a las que había postulado en un principio. Una de estas nuevas conjeturas es la que tiene que ver con la importancia del lenguaje para la aparición de la fase más avanzada y compleja del autoconcepto infantil (pronombre “yo”); puesto que el niño parecía tener un serio y evidente problema en cuanto al desarrollo oportuno del lenguaje. En este sentido el niño tuvo que ir en cierta forma adecuando el desarrollo gradual del autoconcepto de su identidad por problemas referentes al desarrollo tardío de ciertas herramientas lingüísticas, en este sentido pude comprobar lo expuesto en el texto con respecto a la función facilitante del lenguaje en la noción de identidad biosocial por parte del niño.
Otro aspecto que me pareció relativamente confuso fue el correspondiente al desarrollo de la etapa en la que los niños presentan una actitud de omnipotencia ante sus padres y en general cualquier persona que interacciona con ellos durante este lapso de tiempo; esta actitud que presentan los niños es ocasionado probablemente a la conjugación de varios factores que llevan al niño a pensar que sus padres y demás personas están a sus órdenes. Con el transcurrir de la lectura me fui resignando a la idea de que esta actitud por parte de los niños es debido a la indulgencia de los padres y al incipiente desarrollo cognoscitivo de los niños, ya que estos asocian el accionar servicial por parte de los padres con ellos como una cuestión de subordinación, subordinación que se ve consolidada en la percepción del niño por la reiterativa complacencia de los padres aún por las cuestiones más absurdas e insignificantes. En mis experiencias personales los niños asumen esta postura de egocentrismo con mucha firmeza y la desarrollan durante un periodo relativamente largo, como ya se menciono anteriormente la mayoría de las veces cobijado por la actitud de sobreprotección de los padres y cuyo deslinde en los niños es un proceso lento, difícil y extenuante.
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