Uno de los procesos más complejos por los que atraviesan los niños en los años preescolares es la consolidación de su los rasgos propios de su identidad. Sin duda existen teorías interesantes que buscan explicar coherentemente el desarrollo de la identidad de los niños, no obstante una de las teorías más difundidas y controversiales es la formulada por Sigmund Freud, eminente médico suizo considerado el principal pionero del psicoanálisis. De tal forma para Freud la adquisición de los rasgos de identidad en los niños va ligada directamente con su sexualidad. En primera instancia manifestada en una etapa pregenital, en la que la estimulación de ciertas zonas autoerógenas son las que podrían de algún modo ayudar a la reafirmación de la identidad de los niños. Es obvio que este proceso conlleva la exploración sus los genitales, lo cual asegura que los niños identifiquen sus diferencias con los integrantes del sexo opuesto. Por supuesto para que este proceso se ejecute satisfactoriamente deben presentarse otros factores. Podría requerir primeramente la influencia facilitante de los padres respecto a las nociones de los sexos y además poder en cierta forma observar la fisiología de un niño del sexo opuesto, en donde la diferencias que pudiese observar respecto a las estructuras genitales, darían paso a la formación de una imagen más madura de sí mismo.
En este periodo es común observar que los niños presenten tendencias acordes al Complejo de Edipo y al Complejo de Electra, que no son más que ciertas manifestaciones de cierta atracción o identificación con el progenitor de sexo opuesto.
Esta situación es asociada comúnmente con la expresión “mayor condescendencia de la madre hacia el hijo y del padre hacia la hija”. En los casos observados Julissa se lastimó accidentalmente en una ocasión, por lo cual acudió inmediatamente al encuentro de su padre que se encontraba al otro lado de la acera para que la consolase, cuando su madre se encontraba en el extremo más cercano de la calle donde había ocurrido el incidente. Estas conductas reafirman ciertas preferencias expresadas por los niños hacia los padres de sexo opuesto. Sin embargo estas características no prevalecen durante toda la infancia, sino que se hacen presentes durante un periodo de tiempo relativamente considerable. Con la paulatina maduración cognitiva y sexual de los niños estas conductas se irán atenuando y regularizando.
Pero igualmente es posible atribuir esta identificación de la personalidad a causas más bien sociales que relacionadas con la sexualidad.
Teorías como la que se basa en la existencia de estadios en el desarrollo infantil: Confianza vs. Desconfianza y Autonomía vs. Vergüenza y duda son opciones igualmente alentadoras a la hora de explicar los aspectos de la identidad de los niños.
Pues bien, una vez que el niño posea una imagen más o menos estructurada de si mismo tiende a enriquecerla con características y atributos que le permitan identificarse a sí mismo como una entidad con características propias, es decir, redefine su autoconcepto. A grandes rasgos las características que pueden presentarse en el autoconcepto son:
-Los niños preescolares suelen definirse a sí mismos en función de su apariencia física (<<soy flaco>>), de sus logros (<<soy un niño que sabe andar en bicicleta>>) o inclusive por las actividades que realizan (<<soy un niño que colecciona bichos>>). En cierta forma los niños en esta etapa pueden realizar inferencias y atribuir cierto tipo de actividades o características de la vida común como representativos de su personalidad. En los casos observados Gael después de externarnos su nombre como principal rasgo de identidad, nos mencionó todas las actividades en las que su desempeño era portentoso. Prácticamente como intentando decirnos que su desempeño en esas actividades era equiparable a su identidad y personalidad.
- Por otro lado también es común entre los niños las descripciones de forma generalizada, vaga y poco específica. Por ejemplo (<<malo en los deportes>>), sin más aclaraciones. De cierta forma en estas respuestas se sigue denotando cierta tendencia a atribuir la personalidad hacia acciones y actividades. No obstante con la maduración del niño estas tipificaciones del autoconcepto se volverán más específicas y diferenciadoras. A la vez que la complejidad y contenidos de estos aumentará.
Durante uno de los periodos intermediarios de los juegos se presentó una pequeña discusión entre los niños en donde cada quien manifestó las actividades que realizaba de mejor manera. Dentro de los comentarios que más se acoplan a este característica esta el emitido por Rey David cuando dijo que era malo en las actividades relacionadas con el arte, pero bueno en las actividades deportivas. Podemos notar el sentido hasta cierto punto ambiguo en la expresión del niño, donde no especifica adecuadamente cada cuestión y sus implicaciones.
-Los niños en edad preescolar suelen asociar las relaciones sociales como simples conexiones entre personas. En este ámbito es común que los niños se definan como <<hijo>>, o <<amigo>> o <<hermano>>, de tal forma que las relaciones y vínculos sociales y familiares se limitan solamente a conexiones entre unas personas y otras.
Durante un enfrentamiento entre Gael y Reyli, el segundo amenazó al primero recordándole que era “amigo” de Víctor, y que de no dejarlo en paz informaría a Víctor para que este tomara cartas en el asunto. En este caso en niño utiliza un vínculo social para identificarse a la vez que logra persuadir a Gael. Pero es claro que no atribuye ninguna otra característica más profunda a Víctor, sino que solamente lo limita al término <<amigo>>.
-Finalmente los niños tienden a basar su autoconcepto en videncias externas, arbitrarias y situacionales. Es decir, fundamentan de cierta forma su identidad en hechos concretos ocurridos en momentos determinados. Por otra parte los niños también suelen adoptar las características que les confieren los individuos importantes en su vida. Por ejemplo, un niño puede decirnos que es <<bueno>> porque <<ayer ayudé a mi mamá en sus labores domésticas>>. De igual forma una niña puede decirnos que es <<traviesa>> porque <<me lo ha dicho mi abuela>>.
Una de mis compañeras de observación recordó que en una ocasión Gael había dicho soy <<veloz>> porque <<gané una carrera en mi escuela>>. En donde el asocia la velocidad como una característica propia y representativa, puesto que en una ocasión la empleó para ganar una carrera.
Pero pareciera ser que la evolución e implicaciones que pueden ir teniendo el autoconcepto y personalidad son cada vez más variadas y complejas. Así pues, cuando los niños atribuyan cierto valor e importancia a estas autodescripciones nos estaremos aproximando cada vez más al concepto de autoestima. La autoestima representa en cierta manera la dimensión evaluativa del autoconcepto.
Para la modelación de la autoestima son variados los factores que deben intervenir no solamente en el actual periodo de desarrollo de los niños, sino que desde etapas anteriores esta cualidad ya se había comenzando a gestar.
Finalmente se pueden mencionar que dentro de los principales factores que determinan la autoestima de los niños están:
El nivel de aceptación que le confieran los padres al niño respecto a sus acciones, actitudes y logros. Esto va fomentando en los niños un desarrollo gradual de la confianza, componente decisivo en la estructuración final de la autoestima. Igualmente son importantes la calidad de trato que reciba el niño por parte de los adultos, ya que esto permitirá afianzar cierto tipo de aptitudes y habilidades dentro la vida familiar, en el desarrollo cognitivo y finalmente en última instancia en el ámbito de la socialización.
Otra característica trascendental para la cimentación adecuada de la autoestima es el descubrimiento de la “constancia del sexo”, que implica además de saber que es niña o niño, ser consciente de que es una característica invariable durante toda la vida. Esta noción les permitirá a los niños un desarrollo más sereno de su personalidad, que posteriormente será requisito fundamental para la autoestima.
Llegamos pues a la conclusión que existen una amplia gama de factores que interaccionan para moldear, adecuar y reestructurar todas las características que puedan presentar los niños durante la edad preescolar
Sin embargo no podemos negar que las acciones que los padres realicen en este periodo afectan directamente a casi todas las características de los niños. Las posturas asumidas por los padres en la edad preescolar de sus hijos tendrán repercusiones en el nivel de éxito que puedan lograr los niños en sus interacciones de socialización en sus iguales e inclusive de su gradual desarrollo cognoscitivo.
Finalmente partiendo de todas estas características estudiadas acerca del desarrollo de los niños, nos es posible confabular estrategias y métodos de enseñanza adecuados que posibilite a los niños un desarrollo más armonioso durante estas etapas fundamentales de su vida. De tal forma que es posible fungir como facilitadores para los niños en la adquisición de todas estas pautas y habilidades vitales para contribuir al mejoramiento de esta compleja sociedad.
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